sábado, 14 de marzo de 2015

EL ARTISTA ASISTÉMICO



Todos hemos sido agredidos culturalmente. Nuestro nacimiento ha sido perturbado por el uso de un sistema de razones sexuales, laborales e ideológicas condicionantes. Muchas veces a contra natura. Nos han medido el cráneo, han sacado nuestros sesos y los han molido en el batán industrial del slogan, la ley y la costumbre.

El arte es el retorno al estado de libertad inicial del ser humano, por tanto, su naturaleza transgresora es básicamente negarse a toda imposición posterior a la conciencia de esa libertad.

El principal sistema de supervivencia es la sumisión. De ahí que un artista carece de empleo, mérito y prestigio. La creatividad es un atentado continuo a las formas consabidas, por eso los sistemas nos aíslan y nosotros nos aislamos de los sistemas.

Solo así se justifica la gran economía terciaria de este país, distribuida en una infinita gama de labores, por demás, carentes de utilidad pública. Y no se trata de que la fuerza laboral alimente ni económica, ni moralmente al resto del conglomerado humano. Se trata de un perverso ejercicio psicológico de poder.

Al mantener las manos atadas de manera invisible a los escritorios, se crea la ilusión colectiva de que aquellas personas sirven a un país pluricultural que los odia (desde la visión de todas sus culturas).

Poseen un rango superior al resto de los mortales por cumplir con una sacrosanta voluntad, la voluntad de un pueblo (ya en términos proletarios), que también los odia, representada democráticamente (en términos de la ilustración francesa), por un electo, sea cual sea su cargo jerárquico, que lo primero que hace al posesionarse es sacudirse el polvo.

A éste se le informa de manera infinita acerca de su comportamiento, su desempeño, su pro actividad, su excelencia académica, su competitividad y el grado de domesticación que haya podido alcanzar en todos sus años de experiencia laboral; para que pueda volver a casa con la satisfacción de haber ganado el pan de cada día, con el sudor de su camisa blanca.

De esta manera un ejército de ejemplares ciudadanos crea también la ilusión de un clima de paz. Donde aquel inexperto e incauto cordero que asome la cabeza fuera del alambrado a comer de los pastos prohibidos, será decapitado y servido como rostro asado de madrugada en los medios de comunicación.

Es esta la ilusión, el sistema del buen ciudadano, que de cuando en cuando incauta droga, contrabando, enjuicia jueces, procesa procesados procesables procedimentalmente; porque para poder mantener la cordura del aula alguien debe llevar las orejas de burro.

Así los sistemas siguen intactos. El sistema lingüístico que nombra y renombra el absurdo, que cose los códigos técnicos de la prohibición; el sistema imaginativo que solo permite imaginar una sola vida, con auto, casa, perro y marido; Un solo sistema de imágenes, la imagen corporativa; Un solo sistema de audio, el ruido.

Tenemos edilicios, comicios, buenos oficios, televisión, suplicios y orgasmos.

Entonces el último reducto de libertad, es el arte, la poesía (donde las malas palabras no existen), la violencia del color y su armonía, la razón contra razón, la forma, la emancipación del sonido.

Es por eso que un artista no cabe en los sistemas, porque la primera condición de la libertad es la inteligencia, y la primera tarea de la inteligencia es el cuestionamiento. ESTAMOS MALDITOS.
Ningún lugar es el lugar nuestro; y es por eso que seremos siempre extranjeros en cualquier tierra, incluso la nuestra. Hemos nacido nómadas. Tenemos la nada como patria absoluta y la naturaleza como nuestra única maestra.

SERGIO GARECA

EL ALCOHOLISMO CREATIVO



Sí, esta es una justificación. Sí, un alegato en favor del vicio, una medalla a la insistencia en puertas del infierno, un cocacho al arrepentimiento, una excusa para torear elefantes rosados, dieta blanca para tranquilizar cocodrilos, la masticación del ch´aki, un picnic en las pesadillas.
Si alguien, en algún momento, ha imaginado un mundo en el cual todos los seres humanos tuvieran diez minutos de libertad irrestricta, como imaginando el fin del mundo, nos encontraríamos con un estado de ebriedad incontenible e irreversible. Un paisaje muy parecido a nuestras verbenas de 6 de agosto, a la proclamación de algún candidato y tantas otras fiestas que nos caracterizan.  Entonces tendríamos que enfrentarnos, como siempre, a la prima manoseada, a la cuarentona del baile sexy, al filósofo con discurso de cloroformo, al cavernario agresivo y, desde luego, al puritano y la mojigata en plena escándalización.

La naturaleza, en sus asociaciones y agresiones, permanece en este estado, en un constante peligro de muerte, en excitación exultante, en un engañoso clima de paz. La humanidad en el permanente proceso de autoengaño al cual ha llamado historia, se cree y se justifica, ante sí misma, como civilización, en la misma mascarada, a la cual asistimos todos y, cual rey de los bufones, con careta de rectitud, orden y armonía social, juzga por juzgar. Y disimula de perfil su abdomen hinchado de vanidad y buen gusto. Algo que aún no ha penetrado en sociedades superiores, de animalidad expresa.
En nuestro caso. La sociedad en plena negación de lo salvaje, se contiene en la medida en que se ve obligada a sus propias licencias temporales y espaciales, como feriados, fiestas, o simples fines de semana.

Varias tribus de Norte América, tenían como uno de sus principales rituales, abandonar al adolescente en medio del bosque durante una noche, en la cual éste tendría encuentros místicos consigo mismo y la naturaleza. Al volver del ritual, ya se los consideraba hombres. Este ritual es común a otras sociedades. En la nuestra, este rito no existe. Lo más cercano a ello es el cuartel, como una prueba de sufrimientos  y resistencia, del cual se alardea constantemente. Sin embargo no llena el espacio espiritual que estos ritos tienen. Por eso, no es extraño que el hombre (sin aliviar al alcoholismo femenino), reviva la sensación de riesgo, al que ha estado acostumbrado el ser humano durante milenios en la mesa de un bar o en un  pandemónium como los tantos que tenemos.
Nos enfrentamos a: primero, la necesidad permanente de riesgo.  Segundo, a la rebelión contra las convenciones sociales en tierra de nadie. Tercero, la desinhibición psicológica. Cuarto, a la distención del ilusorio mundo de orden, al mundo caótico para despertar el principio entrópico creativo.
Éste último corresponde tanto al bohemio que fuerza el desorden a su vida para permanecer en un permanente ordenamiento de la realidad, cual lego. Y en segunda instancia, el desorden social del cual salen nuestras más altas expresiones culturales, pongamos por ejemplo: el carnaval. Tal cual la metáfora del origen: Del desorden, la Creación.  

Esotéricamente, el alcohólico ya pertenece al tercer círculo dantesco. Y así como la disciplina espiritual nos conduce a planos superiores a los que nos encontramos en estado “consciente”, la indisciplina, en este caso el alcohol, nos conduce a planos inferiores. Un borracho vive en otra vibración mientras se mantiene ebrio y es capaz de deleitarse con la cosa más banal así como es capaz de sufrimientos indecibles en delirium tremens. Así regresa como Orfeo del infierno, con una melodía, un poema o una imagen. Básicamente, los malditos, quienes son ángeles del infierno, quienes han asistido al terror, quienes viven como artistas: entre el chiquero y las estrellas.

El alcohólico, en una etapa del alcoholismo, como un conjuro terrible, antes de perder todo su mundo propio y ajeno, pues es también un juego muy peligroso; atraviesa un tiempo que pudiese ser muy prolongado de lucidez. Así un alcohólico puede llegar a ser hasta 5 veces más inteligente que una persona normal. De ahí que se vuelve mañoso y mitómano. Nada más relacionado con la creatividad, que mentir. La abstracción lógica que implica la mentira, a niveles increíbles de premisas y silogismos, también es aplicable completamente al ser creativo, con recovecos novelescos, teorizaciones estéticas, abstracciones lógicas en verbo y forma; todo esto sin contar con la hipersensibilidad provocada.

También debemos añadir, la cantidad inimaginable que contiene ese banco de anécdotas, sucesos y comunicación de sinceridad extrema a la que uno se expone. Material suficiente para hacer una nueva comedia humana.

Al ser una reacción directa a la necesidad de riesgo, implica, a su vez, una sensación ilimitada de seguridad. La fijación oral de la bebida, remonta directamente a la fase de lactancia, al estado en el cual todo ser humano se ha sentido protegido por la madre. Sin esta seguridad, quizá ilusoria, no habría cómo enfrentarse al riesgo y lo desconocido, dentro de un bar o en cualquier otra circunstancia alcohólica. Lo que podría acabar, y ya acabó en más de una desgracia.

Es muy peligroso, sí. Es jugar tunkuna al borde del abismo. Por todo dicho, niños, no hagan esto en casa.

SERGIO GARECA
Marzo, 2015

miércoles, 25 de febrero de 2015

LOS MANDAMIENTOS DE RENÁN




  1. Crear para destruir.
  2. No hay cómo si no es.
  3. No le creas al creador del universo.
  4. No trabajarás por amor al arte.
  5. No desearás a la mujer de tu prójimo, en vano.
  6. Evitarás a la gente cuyo celular sea más inteligente.
  7. La esperanza muere con el primer gol.
  8. No eres digno de entrar en mi farra, pero media jarra tuya bastará para saciarme.
  9. Todo con medida, sin clemencia.
  10. Un decálogo no tiene por qué ser diez.
  11. Amaos los unos sobre los otros como yo os he amado.
  12. Un vaso de agua, media de coñac y un buen polvo no se le niega a nadie.
  13. Y de la parranda, nació el arte.

viernes, 9 de enero de 2015

EL CARNAVAL DE LOS ANIMALES



Desde tiempos inmemoriales
cuando los dinosaurios bailaban morenada
y ban(da)das de pterodáctilos
tocaban acompañadas de bombos
hechos de cuero de megaterio
hasta que hoy
con absoluto recato
las codornices se acomodan en perfecto orden en sus graderías
y hasta llegan turistas que con altiva mirada de águila extranjera
se quedan picoabiertos y a la sombra
cuando se abren las extensas alas del cóndor de los andes.

También en el público se acomodan las chinchillas
y las gallinas en estrepitoso ruido
hasta que inaugurando con fuego en la boca
Perro Petardos encabeza la comitiva ceremonial de los carnavales.
Detrás de él un cargamento de platería
se exhibe sobre una ancestral coraza de gliptodonte.
El toro lucifer y su vaca supay
presiden la corte de ágiles y disciplinadas tarucas.
Ñus, cebúes y bisontes
arman en la diablada
la tropa internacional de cornudos.
Las virtudes son siete perritas con alas
y los jukumaris son simplemente jukumaris.

La más bella ñusta de Oruro
es una mariposa con alas blancas y azules.
Los quirquinchos ponen a la vista sus matracas de nuez
y saltan pariwanas en los tobas con taparrabos de piel humana.
El pujllay es de los escarabajos
con banda de gorgojos y platilleros cien pies.

Inquietos colibríes persiguen
ansiosos de néctar
las flores que custodian zorras y gatas en los caporales.

Los mapaches hacen gala de sus antifaces en la cullaguada,
mientras las llamas ríen cuando los chanchos bailan la llamerada.

Los altivos suris usan capa y monóculo para bailar doctorcitos.
Las lagartijas extravían sus colas en la lenta danza de los incas
mientras antílopes llegados desde el África brincan con los kallawayas.

El gato cuetillo maulla con los mohozeños y dobletea en los tinkus.
El ratón serpentina toca tambor en la tarqueada
Doce liebres arman bloque en los wititis.
Las vizcachas, a oreja parada, tamborilean con sus colas para el tundiki.
Los alkhamaris en los cielos arman rondas flameando wiphalas .
Mientras Jukus y leqe leqes pelean por su antigüedad en los tablasicus.

Algunos osos beben miel hasta caerse
y las gallinas empiezan a cacarear
porque les rompen los huevos
quienes caminan y no dejan proseguir la peregrinación.

La ciudad no calma en estrépito y encanto.
Las arañas bordan capas y petos para el siguiente año
Hay trabajo hormiga desde el amanecer
y el fuego queda aguardando las qhowas
iluminando el tiempo circular de nuestra historia.
En el alba brilla la estrella de la mañana.