martes, 3 de septiembre de 2013

EL ABORTO Y LA FALSA POLÉMICA


Los bebés son lindos. Los niños son lindos. Los adultos somos idiotas.
La otra noche con mucho aspaviento la iglesia católica encabezaba una populosa marcha de adolescentes y una larga fila de mojigatería. Y la otra “otra” noche, un cuarteto de muchachas esperaba en la esquina del Parque de la Unión, a que las personas  se agrupen y reclamen por la despenalización del aborto. Penosa, pero justicieramente, la resistencia nunca goza de los beneficios de la democracia y de las multitudes tempranamente.
La figura es fácil. Dentro de nuestra preconcepción del mundo de manera dual simplificamos las cosas al extremo: blanco y negro, malo y bueno, muerte y vida.
Frente al mundo veloz y precario donde toda verdad no soporta una semana de publicaciones en Facebook, la verdad universal de la doctrina católica, tan vigente por siglos, se ve amenazada por la post modernidad, la caída de las instituciones de dominación como sustento de la sociedad como la familia (con papá, mamá y wawitas), gracias al divorcio; el dogma se va cayendo y pierde actualidad. Por eso recurre a inventarse falsos debates donde la lógica es simple. “La iglesia le dice sí a la vida” y por tanto todo aquello que esté contra la iglesia tiene como una opción: la muerte. Igual discurso absurdo se maneja para dormir a las masas políticamente: el mar es la Patria, sin mar no hay patria y por tanto no hay libertad. Así el ejército vela por nuestra libertad desfilando con sus pistolitas y gallardía por las calles, mientras se incendian los predios del poder dentro de las cárceles. ¡Cuánta libertad puede lograr el dinero dentro de las paredes de Palmasola!
Visto desde ahí las activistas por la despenalización del aborto (dado que son en su mayoría mujeres), para quienes quieren quedar bien con el poder divino a costa de cualquier cosa, son pues, calacas con guadaña que están detrás de las embarazadas y seguro son tan malas que caminan pateando conejitos y pollitos por el campo. Y serán señaladas y apedreadas por ser unas sacerdotisas de satán, y serán quemadas en el celeste útero de la tierra.
Tal como ha pasado con la reciente censura de las fotografías que desde Oruro, Nohelia Sahunero, subió a Facebook en una protesta en torno a este tema. Y así seguirá pasando, por lo visto. Es que el asesinato pasivo de nuestra ignorancia es menos atroz, vende menos y por eso no nos interesa.
Reforzados los prejuicios, podremos rezar limpiamente antes de acostarnos con la conciencia tranquila después de haber vencido a las fuerzas de la muerte. Pero no pensaremos que:
Para nosotros los hombres nunca fue necesario abortar, porque no matamos a nadie pero destruimos la vida de millones de niños que jamás verán nuestro rostro ni sabrán escribir nuestro apellido, de mujeres crédulas que andan por ahí ganándose la vida como pueden con los niños en los awayus que cuelgan de sus espaldas. Porque, señores padres, así son tantos. Así hemos criado al resentimiento del mundo.
No pensaremos gente que corre un riesgo inimaginable en clínicas clandestinas. Que gracias a nuestros prejuicios fomentamos una industria ilegal creciente y de muchos ingresos. Que dejamos en la impunidad a médicos sin escrúpulos y otro mercado de muerte crece o cuando menos se mantiene por demás estable, tan atroz como cualquier guerra.
Porque llegando a edad fértil uno ya sabe lo suficiente del mundo como para sentir miedo y actuar estúpidamente. Y el “Valor vida” no nos importa mucho a la hora de comer pollito o matar una mosca, y el “valor vida humana”, tampoco nos importa mucho a la hora de saber que con todo el dinero del vaticano se solucionaría la deuda de los países pobres.
Termino este pequeño artículo con una oración: Dios Mantennos en la inocencia infantil, mantennos vivos en el amor y perdona que seamos tan cretinos.

SERGIO GARECA


 

 

 

 

  

 

 

 

 

sábado, 24 de agosto de 2013

CRÓNICA AL 6 DE AGOSTO

Mijail Miranda Zapata

A los amigos del Punto Aparte
Ariel, Cecilia, Renato.

El día de la patria es la madrugada en la que pierdes tu dinero, tu billetera, el último celular, tus documentos de identidad, tu identidad. El día de la patria es el amanecer en el que te encuentras caminando, dormido, con los puños ensangrentados y la chamarra hecha jirones. El día de la patria es un amanecer en el que se camina descalzo, pateando garages y puertas, lanzando piedras a molles, sauces y algarrobos. El día de la patria es sentir pena por los jacarandás. El día de la patria es despertar sentado en un columpio asumiendo a carcajadas tu patetismo. El día de la patria son las mujeres y ancianos barriendo las aceras, perros ladrando y los últimos ebrios regresando al hogar. El día de la patria es la mañana en la que el sol y el asfalto se ensañan con tus ojos, tu piel, tu sed. El día de la patria son los hombres trabajando en feriado, las comerciantes vendiendo cualquier cosa. El día de la patria es la indiferencia al campesino durmiendo en el parque, a los testigos de Jehová, a los cleferos bajo el puente, al muchacho que camina ebrio, descalzo, con la chamarra hecha jirones. El día de la patria es un cainita andando entre traiciones y alevosía. El día de la patria es encontrar tu casa con el sol cayendo en guillotina, es no encontrar la llave, lamentarse, trepar la verja. El día de la patria es llenar los vacíos de la memoria con lamentos y burlas de amigos y enemigos. El día de la patria es comer un picante mixto, sin llajua. El día de la patria es creer que tus excesos con el alcohol son performances artísticas, reírte de lo que dices, lo que haces, lo que eres, en lo que te has convertido. El día de la patria es curar la resaca, sentirse solo y añorar un abrazo. El día de la patria es un anochecer hundido en el sofá, una espalda llena de hematomas y el silencio. El día de la patria es la culpa, el ridículo, mentirse jurando que no volverá a pasar. El día de la patria es oír a los gatos peleando con la noche. El día de la patria es la necesidad de escucharla, llamar y colgar. El día de la patria es saberse distante, extrañarla, soltar alguna lágrima por su ausencia y saber que con ella el día de la patria jamás habría sido el día de la patria.

lunes, 19 de agosto de 2013

UNA SOLEMNE MARICONADA


Cuando me pregunto por qué los orureños huimos del teatro o de los espectáculos culturales, sospecho porque muy en el fondo de nuestro ser nos agrada el juego del espectador – espectado,  es decir, que nos encanta que cada uno de nosotros tenga sus cinco minutos de fama.

Esto se evidencia en Carnaval, en las marchas y desde luego en los desfiles. En torno a estos últimos se arman varios aspectos interesantes, sociológicos, sexuales, artísticos, políticos e ideológicos.

Eso del patriotismo no es más que un pretexto para la reafirmación de estructuras sociales marcadas. Los desfiles son la lid donde se disputan los prestigios y se encuentran las diferencias entre los hijitos bien criados de los mal criados y también es una maravillosa ocasión para que los sectores antes ninguneados sobresalgan. Las bandas son una muestra maravillosa de que el combate a superado el simple insulto y la blasfemia para optar por el arte musical como referente de prestigio. No es raro entender que se ponga más empeño a las bandas que a las otras materias en el colegio, es que la banda, a diferencia de la matemática, te permite “ser alguien” cobrar la importancia que nadie te da. Por eso vale el esfuerzo.

Cuando vivimos en una sociedad que aún nos educa para ser lacra tercermundista sin ninguna aspiración de trascendencia en el mundo, nuestros pequeños núcleos sociales se las ingenian para tener sus escalas de valor. Eso es una maravilla porque solo entonces se produce la llamada descolonización. Cuando el valor de los pequeños grupos se independiza del valor formulado por el cliché y la imposición mediática.

Un gualiporero orureño es el equivalente al jugador de equipo de football americano de las películas, y las gualiporeras a las porristas. Así hacen el referente sexual de lo lindo y lo bello mostrado a todas luces en un desfile de presunciones y pavoneos propios de un rito de fertilidad o apareamiento de aves exóticas.  

Así el desfile sirve también para que jovenzuelos y jovenzuelas busquen un buen prospecto. Eso también me gusta porque se pone romántico el asunto y si no fuera por los desfiles algún otro fenómeno permitiría que este juego de miradas se diera. Pero en la nostalgia de los ancianos del futuro de seguro estarán con preponderancia las fotos del 6 de agosto como recuerdos de la época en la que alguna vez fuimos “algo”. De ahí que no es de extrañarse que haya tanta cola de ex alumnos en todas partes, porque junto con el carnaval, los desfiles son una oportunidad para aparecer en el mundo de lo visible y lo sobresaliente.

Políticamente se aprovecha de la algarabía popular para justificar cualquier cosa. Así también los militares dan el único espectáculo que justifica su inútil existencia. Sin tomar en cuenta que la primera jugada política del Estado es la formación en valores fundamentalistas, que incumben las razones más íntimas del ser humano para crear la ilusión de que todo el aparato burocrático, futbolistas y soldaditos cuadrados en escuadra, implican precisamente la razón de nuestro ser en justificación de la mentira. Y eso no pasa de ser una solemne mariconada.

Estoy seguro que no solo para mí los símbolos patrios significan tantas cosas menos las que quieren significar. ¿Podrían significar algo las estrofas ininteligibles del himno nacional para un niño de 7 años? A más de los Helados Propicios creo que nada. ¿Qué puede significar la libertad en un país donde cada quien hace lo que se le antoja? Yo mismo que antes quise reducir nuestro himno a la frase de “morir antes que esclavos vivir”, ahora prefiero a todas luces “Hoy Bolivia feliz ¡A gozar!”. 

SERGIO GARECA

almaeninvierno@yahoo.es

 

jueves, 1 de agosto de 2013

REQUIEM PARA UN BIBLIOTECARIO


Soy un pésimo lector de diarios. Casi siempre paso directamente a la página cultural o veo con asco los titulares. No sé por qué en esta ocasión me di un poco más de tiempo y hojeé La Patria cuidadosamente. Cuando me topé con los necrológicos, me entristecí mucho pues vi la fotografía de don Francisco Días Queraltó, jesuita bibliotecario del IAI. Nunca crucé más de un par de palabras con él pero me causaba una tremenda admiración. Tengo un libro suyo publicado por Latinas Editores, que propone rutas de excursión para caminantes de los andes. Es un libro maravilloso y en más de una ocasión las llevé a la práctica.

Circula un rumor de que toda herencia y patrimonio que llegó a tener Don Francisco lo invirtió en la Guaguateca del IAI. Donde un par de veces fui a gozar con los libros de David Carter “Un Punto Rojo” y “el 2 Azul”.

Alguna vez me contó que una madre dejó allí a un pequeño niño y el niño quedó poseído por los libros y al salir gritaba “¡No mamá, no me quiero ir, hay más, hay más!”. Eso se llama pasión por la lectura.

Sirvan pues estas breves líneas de homenaje a ese caminante y bibliotecario. Con él uno más de nuestros patrimonios vivientes nos deja. Hay quienes dan la vida donde se encuentran y hay otros que solo pasan a cobrar. Gracias Francisco por pensar en los niños de esta ciudad y por enseñarnos los caminos que, por mirar nuestros ombligos, nos negamos a andar.

domingo, 28 de julio de 2013

BOLIVIA MANTA. (Crónica de un concierto cumplido)


Bajamos del mini bus uno verde, me acerque al kiosco y me compré un par de cigarrillos. Nunca fui elocuente, prefiero el silencio, y al parecer esto no molestaba a mis acompañantes, dos primos menores que tocan el charango. La noche comenzaba con algo de confusión, las puertas cerradas del paraninfo indicaban que alguien me pasó mal los datos. Una llamada confirmo esto, y sirvió de excusa para reservar las entradas. Caminamos rápido por el centro orureño, encendí un cigarrillo, intenté hablar con mis jóvenes acompañantes, y es que no es muy divertido ser silencioso cuando los que te rodean también lo son. El mayor de ellos se percató de este intento de conversación  – y qué canciones tocan - me preguntó, mi respuesta no tardó en llegar, - no los conoces, no son “conocidos”, dije, argumente que el concierto podría ayudarlos a mejorar su apreciación musical y que les serviría escuchar a músicos que ya han pasado por un largo espacio de vida musical;  El silencio continuó hasta que llegamos a la casa municipal de cultura. Cuando estábamos cerca a la puerta pude ver a viejos amigos. Me acerqué a recoger las entradas, pero ya las habían vendido, me conformé con comprar asientos más lejanos al escenario. Las puertas de ingreso al teatro estaban cerradas. Fuimos a esperar afuera. Encendí  un cigarro, mientras algunos músicos pasaban en busca de algún encargado. Varias personas reconociendo a alguno de ellos, se tomaban fotografías. El menor de mis primos ayudo con un banner, después de haberlo colgado me dijo que le dolía la espada. Esperamos casi una hora. Jaime un viejo y buen amigo apareció con una botella de sake, aprovechamos la excusa del frío para tomar unas tapas. Entre tanto abrieron las puertas del teatro, la fila estaba formada hace ya unos 10 minutos, y la gente empezó a entrar. El teatro no se llenó por completo. En la fila pude percatarme que la mayoría de la gente había ido a ver a Punto Nazca, yo esperaba con ansias a Bolivia Manta. Minutos después comenzó el concierto, empezaron los Punto nazca. No debo negarlo, disfrute de sus canciones aunque no tocaron ninguna de las canciones que me gustan. La técnica de charango del señor Callejas, sorprendió a mis acompañantes. Fue un concierto entretenido y bastante técnico.

Aproveche el intermedio de una canción para conseguir asientos que se suponían ocupados. – ¿si nos dicen algo?- pregunto el mayor de mis primos, - te cagas- respondí, y tomamos tres asientos en la fila C. El concierto o el segmento correspondiente a Punto Nazca llegaba a su fin. la gente pidió una canción más y aproveche para salir a fumar. Afuera me encontré con un puesto improvisado de venta de discos, tenían la discografía completa de Punto nazca, el puesto estaba atendido por una señora a la que no pude dejar de comparar con algún reptil antropomorfo, - ¿a cuánto están los discos?- pregunté. La respuesta llego como con delay, - cincuenta bolivianos- . se me acerco un amigo que decía tener todos los discos en su casa, yo le dije que también tenía todos los discos pero en formato digital. Me terminé el cigarrillo. Vi unos dvd’s de Bolivia manta, no pregunté el precio, saque algo de dinero y lo compré. Varias personas abandonaban el teatro mientras yo emprendía el regreso.  

El intermedio duro 15 minutos aproximadamente. Con las luces encendidas, Bolivia manta tomaba el escenario.10 músicos: dos guitarras un charango, dos mandolinas, dos vientistas, un violín, un charango y en el centro los hermanos Arguedas. Un silencio extraño se apoderaba del teatro. Unos golpes en la caja de resonancia del bajo daban el ritmo para empezar el concierto. De apoco las cuerdas de las mandolinas inundaban el ámbito. El ritmo del bajo se apoderaba de mi cuerpo. Terminaron la primera canción y la gente aplaudía como por obligación, comentarios de un viejo que se sentó detrás de mí, se estrellaron en mi nuca, – hay que apoyarlos es un ritmo dulce que no siempre escuchamos- decía. Ya para entonces supuse que pocos conocían o habían escuchado alguna vez Bolivia manta. Personalmente los había escuchado cuando era niño, mi tío en alguna borrachera tocaba sus canciones en su charango. Siempre me gustó el “estilo” básico andino, sin pretensiones y con el espíritu de la tierra. El mayor de mis primos – ¿ellos son mejor que Punto Nazca?- pregunto. -sí, para mí, sí- respondí. 

Los hermanos Arguedas ya viejos y con varios quilos ganados en alrededor de 40 años de carrera estaban silenciosos en el centro del escenario, el charango dejaba escapar unas cuantas notas, y en el tercer tema el sonido del bajo empezó a emitir un ruido. Pero no importaba, el sonido en ese lugar siempre es una mierda. 

El concierto crecía y sentía un sentimiento  nostálgico, tiempos mejores los de la infancia pensaba. Al parecer Jaime, que estaba sentado delante de mí, y yo éramos los únicos que disfrutábamos de este concierto. De repente los acordes de una canción generaba un “ras” en mí, este partía de la parte inferior de mi columna y se expandía como las ondas generadas por una gota en el agua a través de mi cuerpo. El momento épico dela noche había llegado. Las cuerdas de la guitarra indicaban que la canción era Atahuallpa, canté bajito, con miedo a quebrar ese momento. Se acumularon lágrimas de alegría en mis ojos, no podía llorar, no podía gritar. Por un momento me sentí vivo. Terminó la canción alcé las palmas y aplaudí lo más fuerte que pude, Jaime comprendió el momento que habíamos vivido, saco un poco de sake y brindamos con unas tapas por la canción. 

El concierto continuó, invitaron al escenario a una cantante que habían conocido en Cochabamba, tocaron un par de canciones. Se acercaba el fin. No podía pensar en nada la música me invadía, el ritmo de la tierra corría como fuego por mis venas. Me arrepiento de no haber bailado. 

Al término el concierto se acercaron a dar las gracias, pero no podíamos irnos, gritamos por una canción más, el deseo fue concedido, el concierto terminó con Hojita Verde.
***
Hoy pienso que tengo una razón más para morir tranquilo. Nunca había visto a Bolivia Manta en vivo, anoche lo hice por primera y probablemente última vez. 

M.C. Michel.

martes, 23 de julio de 2013

CONVOCATORIA AL FUEGO


El Colectivo de Agresión Cultural PERRO PETARDOS y El Taller del Diablo, (grupo de incrédulos, tojpa de delincuencia estética, juntucha aspirante a ser una rosca impenetrable), apuestan contra sí mismos y buscan vehementemente:

POETAS

Sin importar edad ni contenido; caballeros, damas o todo lo contrario; niños malcriados; espantapájaros, espantaéxitos, espantacielos; cursis o nefandos; buscones, lazarillos, sanchos o en su caso quijotes de trapo; oyentes de los pájaros en las plazas, niños viejos o viejos niños; elefantes memoriosos, hormigas laboriosas; cualquier sabandija que se atreva a empuñar un lápiz o a  hacerse al Rachmaninov en el teclado de su compu.

Convocamos al fuego o a la crianza de cuervos.

Búsquennos o los buscaremos. Estaremos en sus puertas, vigilantes esperando a que asomen sus grandes y jugosos sesos. 

O se delatan y extienden sus alas negras o los incineraremos. VAMOS A OBLIGAR A ESTA CIUDAD A VOMITAR POESÍA.

Si los estúpidos de tu curso, de colegio, de facultad, o de barrio aún no se han dado cuenta que eres un genio, escríbenos a Perropetardos@gmail.com. 

Nos reunimos los miércoles a partir de hrs. 19:00 en el segundo piso del edificio de la cámara de comercio, oficina 202. calle la plata cerca al pasaje panamericano, ahísitos de la Plaza principal.

¡Salud, Anarquía y Poesía! 

Convocatoria al fuego..pdf (430 KB)
https://mega.co.nz/#!Zxc3TJLS!caIIATPlyHZOrakVPEqp_mftMjg661oxDdtS3kwyX9E

lunes, 22 de julio de 2013

MI ENCUENTRO CON MILENA FERNÁNDEZ


 
Será, no será— he  dicho. Al final sí era. Mi heroína personal MILENA FERNÁNDEZ se encontraba en la plaza principal de Oruro. Justamente en el reloj; esperando pues a que llegue la hora en que la dejen ver el cuaderno de investigaciones en la fiscalía o a que alguien le diga: te perdonamos Milena.

Personalmente no soy quién para estarla disculpando, porque al final no ha hecho nada malo. Solo ha manifestado su opinión en un programa de televisión, como lo hacemos muchos. Y qué pena haberlo escuchado de su boca, pero yo sé que mucho hipócrita le ha roto el alma.

Todo poeta sabe que las palabras tienen poder. No es nomás estarlas diciendo porque sí. Pobre Milena que tuvo que aprenderlo así. Una palabra equivocada y el mundo se te viene encima.

A manera de fundar mediante este artículo el Club de higiene urbana y bucal con su extensión de solidaridad “MILENA FERNÁNDEZ”, por puro amor a la libertad de expresión, me atrevo a puntualizar lo siguiente.

1.       Quien esté libre de culpa que arroje la primera basura, como ha dicho el Mauri. ¿Cuántos de quienes han rabiado por las palabras de Milena, podrán decir que no arrojan ni una basurita en la calle, que les importa más que a su vida el olor a cianuro que viene detrás del cerro de las explotaciones mineras a cielo abierto, los desechos tóxicos enterrados en nuestras pampas, la contaminación del Uru y tantas otras cosas? Creo que pocos.

2.       Quienes dicen que en realidad no es lo que dijo sino cómo lo dijo, seguro esperan la resurrección de Enrique Zeballos, conocido periodista e intelectual orureño, para pedirle explicaciones por haber dicho en su tiempo que el mercado Campero era el mercado más sucio de América. O también deben estar esperando que el genial poeta Héctor Borda Leaño, regrese alguna vez a su tierra, Oruro, y reprimirlo para que no pueda leernos esos versos que están entre mis favoritos y que dicen algo así como: cuando nuestros carnavales eran más hediondos, digamos más sur américa, más Oruro… menos mascarada del CAN, menos gringa culona y menos coca cola…  

3.       Hay otros que dicen “la ciudad X y la ciudad Y también están llenas de basura”, como si uno fuera más limpio porque el vecino se lava menos.   

4.       Nada de esto hubiese pasado si quien decía “Oruro es una ciudad fétida”, hubiese sido un entrevistado, cualquiera, en el Programa de Mariano Baptista, porque al final nadie lo ve. Pero como a los orureños nos gusta ver ese programa de mierda, fue todo un escándalo. Como hay tanta gente a la que el patrimonio de la humanidad le ha tapado las narices, no siente la fetidez de nuestra pésima higiene mental.

5.       Al final, no interesa si lo que dijo era o no era cierto. Tenía todo el derecho de decirlo. Porque así como dijo George Orwell, la libertad implica escuchar aquello que no quieres oír, cualquiera de nosotros puede decir lo que se le antoje.

En fin, antes de que digan que el errar es humano, el perdonar es divino y el rencor es de los orureños, la próxima vez que Milena venga, le invito a tomar api con pastel.

SERGIO GARECA
almaeninvierno@yahoo.es